 | Los sistemas desérticos son muy frágiles, sin amortiguación posible ante cambios bruscos de clima. Crédito: Juan Moseinco/IPS | Acentos Descubriendo la prehistoria verde de la Puna Por Marcela Valente
El cambio del clima en la Puna hace miles de
años pudo ser determinante para que pueblos
cazadores adoptaran la agricultura.
BUENOS AIRES, 6 ago (Tierramérica).- La árida Puna del noroeste de Argentina era más
verde hace miles de años. Transformaciones
climáticas forzaron a sus pobladores originarios a
desarrollar estrategias de adaptación que podrían
aportar lecciones, señalan científicos.
“La Puna siempre fue una zona desértica, pero
hasta hace unos 10.000 años había mayor cobertura
vegetal y los lugares productivos eran mucho más
abundantes porque llovía todo el año”, explicó a
Tierramérica el arqueólogo Hugo Yacobaccio, de la
Universidad de Buenos Aires (UBA).
En el transcurso de algunos miles de años se
sucedieron cambios que acabaron imponiendo
condiciones de extrema aridez.
Según los registros del clima antiguo, uno de los
factores fue el fenómeno El Niño/Oscilación del
Sur (ENOS), que se presenta desde hace por lo
menos 3.000 años. Parte del sistema que regula el
calor en el trópico oriental del océano Pacífico,
el ENOS está pautado por cambios en la temperatura
de la superficie oceánica y en la presión
atmosférica.
Pero el período entre los años 6000 y 2000 antes
de Cristo se caracterizó por una intensa aridez en
las latitudes bajas del planeta. “Es el momento en
que se forma el desierto del Sahara en el norte de
África, que antes era una sabana”, remarcó
Yacobaccio.
Las poblaciones debieron adaptarse a los nuevos
retos. “Los grupos de cazadores-recolectores
redujeron su movilidad –aumentó la densidad
poblacional relativa–, y se agruparon en torno a
pequeños oasis o refugios ecológicos”, añadió
Marcelo Morales, también arqueólogo de la UBA.
Distintos estudios paleoambientales entregan
evidencias de que en esa etapa disminuyó mucho la
presencia humana en esos escenarios, pero no
desapareció.
"El objetivo final de estos estudios es entender
mejor cómo funcionaba la sociedad hace miles de
años en torno a las variaciones climáticas y
rescatar esto como experiencia frente al
calentamiento global actual, mucho más acentuado",
dijo Morales.
Los dos investigadores trabajan en el Instituto de
Arqueología de la UBA y en el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas, y se
dedican a la arqueología ambiental, que estudia
las relaciones entre las sociedades del pasado y
el uso que hacían del ambiente.
Ya han publicado varios trabajos, concentrándose
en un escenario y una coyuntura que resulta clave
por diferentes motivos.
La Puna es una meseta de alta montaña que, con
diferentes nombres y características, se extiende
por el sur de Perú, el noreste de Chile, el
occidente de Bolivia y el noroeste de Argentina.
Las áreas del lado argentino, salpicadas por
salares, están entre las más áridas de los
escenarios puneños.
Es además, explicó Yacobaccio, una de las pocas
regiones del mundo en la que se puede registrar un
proceso autóctono de transición de grupos de
cazadores-recolectores hacia sociedades más
sedentarias y complejas dedicadas al cultivo y al
pastoreo.
“Este pasaje se puede detectar en cinco o seis
lugares del mundo, y de esos pocos sitios se
expandió al resto", añadió. Los otros lugares
donde se ha documentado esa transición son Medio
Oriente (Israel, Turquía, Siria), China,
Mesoamérica (sur de México y norte de América
Central) y Perú, precisó.
Los sistemas desérticos son muy frágiles, sin
amortiguación posible ante cambios bruscos de
clima. “Por eso creemos que hay un impacto seguro
de estos cambios sobre las poblaciones, porque
desaparecen arroyos, aguadas, humedales", remarcó.
La flora fue raleando y los animales de caza se
dispersaron. Algunos pobladores migraron y otros
comenzaron a ver que les convenía permanecer más
tiempo en sitios más aptos, donde era más seguro
obtener recursos básicos como el agua, el alimento
o las fuentes de energía, añadió Morales.
Esos lugares estaban casi siempre a más de 4.000
metros sobre el nivel del mar, donde subsistían
humedales y cursos de agua.
“Si antes se movían en bandas de 15, ahora
confluirán en grupos de 70 personas en torno a
estas áreas, y eso marca el comienzo de la
experimentación con ciertas prácticas económicas
como la domesticación de camélidos”, guanacos y
vicuñas que eran los mamíferos silvestres por
excelencia, ejemplificó.
En menor medida, se adoptó el cultivo de especies
como el zapallo, la quinoa, la papa y otros
tubérculos, aseguró.
“Todo esto genera cambios de hábitos porque estos
refugios donde puede darse el pastoreo y el
cultivo, y donde se consigue leña, son ahora zonas
aisladas entre sí y separadas por desiertos”,
remarcó Morales.
En sus investigaciones de campo, hallaron
evidencias de aldeas incipientes, restos de
instrumentos, bolsas tejidas con fibra vegetal y
cultivos adaptados de los valles. “Hasta se camina
por distintos lugares”, sostuvo Yacobaccio.
Con el cambio de clima variaron también las
estrategias de caza, que pasó de ser solitaria a
grupal y con avistaderos. Se inició un
procesamiento más intensivo de las presas y una
mayor planificación en general.
Los grupos asentados en zonas húmedas “comienzan a
intervenir más en la selección de animales para la
domesticación, dejando a un lado los más ariscos,
y eso tiene un impacto sobre el recurso”, definió
el arqueólogo.
Otros investigadores que trabajan en zonas muy
áridas de la Puna salada, están replicando un
sistema de manejo de riego que tiene miles de años
en cultivos actuales, y está resultando eficaz,
dijo Morales.
"Hay una idea de extrapolar la experiencia pasada,
para sumar alternativas y mejorar el manejo actual
ante condiciones climáticas que acentuaron sus
rasgos", concluyó. * |