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Alternativas al neoliberalismo ambiental
Por Enrique Leff

El actual proceso de globalización que impone la excesiva economización del mundo empaña la próxima Cumbre de Johannesburgo. La alternativa a un mercado basado en un sistema de producción contra natura es la racionalidad ambiental, argumenta este especialista.

, (Tierramérica).- Con la Cumbre de la Tierra Río 92 se legitimaron consensos para reorientar el desarrollo hacia la sustentabilidad, generando el discurso del desarrollo sustentable y una geopolítica de la globalización económico-ecológica.

Sin embargo, ante la insustentabilidad e inequidad que resultan del proyecto neoliberal, surgió la necesidad de ceñir la economía a las leyes de la termodinámica, a los límites y potenciales de la naturaleza, al reconocimiento de las bases ecológicas de las que depende la sustentabilidad de todo proceso económico y a los valores de la democracia, la diversidad y la diferencia.

Estos años han sido escenario de movimientos de resistencia de pueblos y grupos ciudadanos que se niegan a ceder autonomías, territorios, identidades y localismos a una globalización regida por la lógica hegemónica del mercado. Pero más tenaz ha sido la resistencia de la economía a "ecologizarse".

Las estrategias predominantes del desarrollo sustentable han avanzado hacia una capitalización de la naturaleza, de la cultura y del hombre. El proceso de globalización ha impuesto una sobre-economización del mundo, que disuelve la singularidad de las culturas para integrarlas a la ley suprema del mercado.

El resultado es el progreso hacia la destrucción ecológica y la muerte entrópica del planeta –cuyo signo más evidente es el calentamiento global—, junto con la globalización de la pobreza, las crecientes desigualdades económicas y sociales, a las que se añaden la narcoeconomía y la narcopolítica, la corrupción y la simulación, el sida y el terrorismo.

Esta voluntad política condiciona la sustentabilidad a un crecimiento económico que se afirma en una ficción, eludiendo incorporar los costos ecológicos y sociales del desarrollo a los cálculos del producto interno bruto.

El desarrollo sustentable resulta así cada vez más insostenible. Y de esto no es culpable la evolución natural, sino la racionalidad económica que acelera los ritmos y amplía la escala de los procesos de destrucción ecológica, degradación de la energía y producción de calor en el planeta.

El desarrollo sustentable se ha convertido en un campo político en el que se expresan diversas estrategias por la reapropiación de la naturaleza. Estas se bifurcan en dos grandes corrientes: por un lado, la reapropiación económica que reduce el valor de los recursos y servicios ambientales de la naturaleza a sus valores crematísticos. En el otro extremo se abre la vía de reapropiación a través de la asignación de valores culturales y sociales a la naturaleza.

La transición hacia la sustentabilidad se debate entre las políticas del desarrollo sustentable conducidas por la racionalidad del mercado y un proceso de reconstrucción social asentado en identidades culturales y guiado por los principios de una racionalidad ambiental.

El desarrollo para ser sostenible debe ser ecológica y socialmente sustentable. La verdadera sustentabilidad implica un cambio de racionalidad social y productiva. La alternativa al neoliberalismo ambiental basado en el mercado es la construcción de sociedades sustentables fundadas en condiciones de renovabilidad y productividad de los recursos naturales, en la equidad social, la diversidad cultural y la democracia directa, en la creatividad de los pueblos y de las personas.

Frente a la producción contra natura del mercado, la racionalidad ambiental propone producir con la naturaleza y la cultura. En esta visión alternativa del desarrollo sustentable, el ambiente deja de ser un costo y una externalidad del desarrollo para convertirse en un potencial productivo que emerge de las sinergias positivas de la productividad de los ecosistemas, el poder de la tecnología y la creatividad de las culturas.

La alternativa sustentable es una nueva economía fundada en la productividad neguentrópica del planeta, a partir de la capacidad transformadora de la energía radiante en vida y recursos naturales.

Ello rompe el cerco de la globalización económica y abre las vías para una diversificación de modalidades de producción y estilos de vida acordes con la variedad de ecosistemas y culturas del planeta.

La racionalidad ambiental rompe así con la hegemonía del mercado, revalorizando la diversidad ecológica y cultural como base para la construcción de nuevos sentidos existenciales y una convivencia más armónica de los hombres con la naturaleza.

* El autor es escritor y coordinador de la Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)

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